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2.2 Teoría de la Educación

Vamos a tratar la Teoría de la Educación como disciplina a investigar y que genera conocimiento de la educación. Hacemos hincapié en el sentido de la disciplina, es decir, “en la justificación y validación de la propia concepción del campo, o lo que es lo mismo, en la racionalidad de la concepción del campo”.

Nos referimos a tres corrientes que contribuyen a conformar una determinada mentalidad pedagógica con los conocimientos de educación que generan. Son las siguientes:

  1. Corriente marginal del conocimiento de la educación.
  2. Corriente subalternada del conocimiento de la educación.
  3. Corriente autónoma del conocimiento de la educación.

Todas estas corrientes generan conocimiento de educación, pero de forma distinta en su origen y fundamentación y se distinguen básicamente por el tipo de respuesta a los siguientes criterios según:

  1. La consideración de la educación como objeto de estudio.
  2. El conocimiento que debe obtenerse para saber educación.
  3. El modo de resolver el acto de intervención.
  4. La posibilidad de construir ciencia de la educación.

Cada corriente mantiene un modo distinto de entender el conocimiento de la educación. Las tres corrientes son modos legítimos de abordar la educación. Y sus conocimientos de educación no son, en absoluto, despreciables. Sus aportaciones son la base de su fuerza dentro del gremio de los profesionales de la educación. Cada corriente asume que la educación es un ámbito de realidad susceptible de ser conocido de diversas formas, que tienen sus peculiares modos de prueba y su particular modo de respuesta a los niveles epistemológicos: teoría, método, técnica y práctica desde el marco de cada una de ellas.

Hoy día, la Teoría de la Educación como disciplina sustantiva no es un cajón de sastre en el que cabe de todo. Es posible defender un aspecto y un conocimiento específico para la Teoría de la educación, que pueden ser valiosos, pero constituyen los elementos centrales de otras disciplinas. “La argumentación básica de esta tendencia se centra en justificar que investigación teórica del campo de la educación no es lo mismo que disciplina académica sustantiva de Teoría de la educación” (Touriñán, 2015, p. 273).

CORRIENTE MARGINAL

Para la corriente marginal, la Teoría de la educación se identifica con las filosofías de la educación (Quintanilla, 1978; Castillejo, 1985). Sus objetivos son la formulación explícita de los intereses de vida y el estudio normativo de los fines de vida en los que deben formarse los hombres y las mujeres. Como disciplina corresponde a la estructura de la filosofía como cosmovisión de la que se extraen deducciones posibles de las diversas cosmovisiones para la educación del hombre y de la mujer y que se concreta en la disciplina de filosofía de la educación o las teorías filosóficas de la educación. Ejemplos: Teoría de la educación marxista, Teoría de la educación católica.

Las teorías filosóficas de la educación aportan conocimiento acerca de las consecuencias que se derivarían de cada cosmovisión que se postule como a priori de la intervención, pero su capacidad para generar principios de intervención pedagógica es realmente escasa, porque las reflexiones se centran en los fines de la vida deseables y no en las metas pedagógicas y reglas de intervención. Entienden el problema de la educación como justificación moral de conductas singulares, con las concepciones de la vida deseable y la concepción personal que uno tiene de la vida. Y no como explicación científica de acontecimientos pedagógicos intencionales.

Podemos observar que la educación, en un momento concreto, es analizada como parte de la sociedad en la que se produce. Así la educación es coherente con la estructura social que se da en dichas sociedades. Este tipo de educación está relacionado con los grandes tratados de la concepción general de la Educación donde se definen la sociedad ideal y el tipo de educación que se debe desarrollar para alcanzarla, es decir, en qué valores se deben formar los miembros de esa sociedad para alcanzar la sociedad ideal. Estamos, por tanto, hablando de un conocimiento de tipo filosófico cosmovisionario.

En este marco de interpretación el conocimiento de la educación se centra en el estudio de las consecuencias que se derivarían de cada cosmovisión o de la concepción general de la educación que se postula “a priori”. O dicho de otro modo “se centraría en el estudio normativo de los fines de vida en los que deben formarse los hombres” (Rodríguez, 2006, p. 37). Es un conocimiento filosófico de la educación. La educación debe resolver en su inicio fundamentalmente el problema del fin, permaneciendo en un conocimiento teórico sobre la justificación del fin de la educación y el estudio normativo de los fines. Por consiguiente, la teoría proporciona las finalidades de vida deseables.

CORRIENTES DE SUBALTERNACIÓN

Con las corrientes de subalternación la Teoría de la Educación adquiere un triple sentido, como filosofía de la educación, como teoría interpretativa y como teoría práctica. La Teoría de la educación admite tres especificaciones propias y distintas, pero en todos los casos la Teoría de la educación depende de las disciplinas generadoras. La educación es, básicamente, una actividad técnico-práctica cuyas reglas de acción se justifican desde las disciplinas que tienen estructura teórico-conceptual consolidada.

La educación es un marco de referencia que se resuelve en términos de la disciplina generadora. Así, por ejemplo, en filosofía de la educación es la disciplina filosofía, lógica o metafísica; y su función es dar una interpretación de la educación como problema filosófico, lógico, metafísico. La Teoría de la Educación es un tratado especial de filosofía, es una filosofía aplicada.

Este posicionamiento da lugar a dos tendencias:

La primera de ellas entiende que los fenómenos educativos son complejos, se pueden descomponer en fenómenos más simples que se producen en otros ámbitos de la realidad y, por tanto, de otros objetos de conocimiento y desde los cuales se reflexiona sobre la educación, por ejemplo, desde la Psicología de la educación, la Sociología de la educación, la Antropología de la educación, la Economía de la educación. De ahí que el conocimiento de la educación se pueda construir desde esta perspectiva.

Esta corriente identifica la Teoría de la Educación con la mentalidad subalternada como la llama Rodríguez (2006). Aquí, la educación es un objeto de estudio genuino. Ahora bien, “la educación es simplemente un marco de referencia que se resuelve utilizando las disciplinas generadoras” (p. 40). El conocimiento de la educación se resuelve desde cada una de sus dimensiones particulares apoyándose en disciplinas que poseen una estructura teórico-conceptual consolidada. El conocimiento de la educación que se obtiene es subalternado porque la validez de las reglas construidas para intervenir viene dada por la validez de las vinculaciones establecidas en las disciplinas generadoras y en la utilización de los conocimientos de las disciplinas consolidadas como puede ser la Psicología, la Economía, la Sociología, la Antropología, la Biología de la educación.

Los conocimientos teóricos y prácticos validados en las disciplinas generadoras quedan validados para la educación.

CORRIENTE AUTÓNOMA

La corriente autónoma del conocimiento de la educación contiene la doble acepción de la Teoría de la Educación como nivel de análisis epistemológico y como disciplina académica sustantiva. La corriente autónoma tiene su origen en los principios de Herbart (1806), quien afirma que la mayoría de las personas que se dedican a la educación actúan sin formarse un “círculo visual” propio que les permita actuar. Y también, y sin olvidarlos, en Dilthey (1929) y Nohl (1968).

Estos autores expresan con claridad la necesidad de la autonomía de la ciencia de la educación, la necesidad de limitar su campo a los fines y medios lógicamente implicados en la tarea y de configurar la función pedagógica como generadora de principios. Caracterizan, además, la intervención educativa como cuestión que debe ser estudiada en sus propios términos. En síntesis, intentan estos autores “crear el sistema científico de la educación, o lo que es lo mismo, elaborar el saber que constituye la Pedagogía” (Touriñán, 2015, p. 242). Como afirmaremos más adelante, crear el sistema científico de la educación es establecer los principios de la metodología de la investigación educativa

a partir de los principios de la epistemología general, que precisa de un conocimiento teórico apropiado para gobernar y comprender el campo de la educación.

TEORÍA DE LA EDUCACIÓN COMO DISCIPLINA ACADÉMICA

Queremos consolidar la Teoría de la Educación, además de su nivel propio de análisis epistemológico, también de su nivel como una disciplina académica sustantiva de la Pedagogía que se ocupa de los problemas de explicación, interpretación y transformación de la intervención pedagógica general tanto en los ámbitos teóricos como tecnológicos y prácticos de la intervención pedagógica.

Son cuatro las áreas de investigación, según Touriñán y Sáez Alonso (2012), donde la Teoría de la educación como disciplina académica sustantiva y como asignatura del plan de estudios acentúa la potencia formativa de esta disciplina:

  1. La educación como objeto de conocimiento que permite generar la mentalidad pedagógica
  2. El estudio de la función pedagógica como función de los profesionales de la educación, que permite caracterizarla como función especializada y específica, como pueden ser otras funciones, médica, psicológica, etc.
  3. El desarrollo de pautas de explicación, comprensión y transformación de la intervención, que permiten construir principios de educación y principios de intervención pedagógica
  4. El estudio de las dimensiones generales de intervención pedagógica, focalizados desde la mirada pedagógica.

Estas son, en principio, las áreas básicas de contenidos de la disciplina académica sustantiva de Teoría de la educación. A la hora de identificar la asignatura conviene tener presente algunas matizaciones como la competencia del profesor, el lugar de la asignatura en la organización del plan de estudios, el tiempo de docencia, las presiones institucionales que han hecho posible que la disciplina Teoría de la educación sea en cada plan de estudios la asignatura que es. Son factores condicionantes, a veces, muy distintos de los criterios ontológico y epistemológico utilizados en la investigación de la disciplina. Conviene recordar que la racionalidad administrativa y la racionalidad epistemológica no convergen ni van de la mano, en muchas ocasiones, para hacer compatibles los ámbitos disciplinares, los ámbitos de fomento de investigación y los ámbitos de formación universitaria.

Como ya hemos visto, es posible defender la racionalidad de la Teoría de la educación como disciplina sustantiva en la corriente autónoma del conocimiento de la educación. Y, por consiguiente, solo los conocimientos correspondientes a la teoría, tecnología y práctica de la intervención pedagógica general entrarían a formar parte de la teoría como disciplina académica. “La Teoría de la educación como disciplina académica sustantiva se identifica con la explicación, interpretación y transformación de intervención pedagógica general desde conceptos con significación intrínseca al ámbito de estudio” (Touriñán y Sáez Alonso, 2012, p. 312).

TEORÍA DE LA EDUCACIÓN E INVESTIGACIÓN

Frente a los tipos de conocimiento marginal y subalternado surge otra forma de entender la Teoría de la educación, como hemos afirmado en la corriente autónoma (punto 2.3), como objeto de conocimiento. La preocupación de esta corriente es entender la educación como objeto de estudio específico, creando un sistema científico de la educación para elaborar el saber que constituye la Pedagogía. Se pretende, en este caso, construir un conocimiento de la educación de tipo científico frente al conocimiento filosófico, sociológico o antropológico descrito anteriormente:

“Este posicionamiento parte del convencimiento de que los fenómenos y acontecimientos educativos son diferentes a los acontecimientos y fenómenos de otros ámbitos de la realidad, en otras palabras, la educación es entendida como un ámbito de realidad susceptible de ser conocido y, como apuntamos, de conocimiento científico”.

La tendencia de la corriente autónoma también entiende que los fenómenos y acontecimientos educativos son complejos y pueden descomponerse en fenómenos más simples. Pero a diferencia de la tendencia anterior, no considera que la educación pueda estudiarse, analizarse y comprenderse como objeto de conocimiento que es, desde las explicaciones que otros acontecimientos hacen de esos fenómenos y acontecimientos simples (economía de la educación, sociología de la educación, etc.) sino que debe estudiarse para construir un conocimiento propio, donde la explicación de los fenómenos educativos tenga significación intrínseca a la Educación.

Por consiguiente, la Teoría de la Educación se comprende como un ámbito científico autónomo “porque se construye en función de su propio objeto de estudio (la educación) utilizando la forma de conocimiento científico-tecnológica, al igual que las demás disciplinas científico–autónomas más consolidadas como pueden ser la Física, la Biología, la Psicología, la Sociología”.

Por ello, la Teoría de la educación utiliza la racionalidad científico-tecnológica en el ámbito de la educación, entendida como realidad con significación intrínseca en sus términos (Touriñán, 1989). Su meta es elaborar teorías sustantivas y tecnologías específicas de la educación, es decir, tener en cuenta su validez teórica y su validez práctica de los objetivos y propósitos de la educación.