Sesión 1, Contenido de Sesión 1
In Progress

4.2 El Poder de los Oficios de la Real Hacienda

Los oficiales reales no eran unos funcionarios más entre muchos otros de la burocracia hispánica, sino que constituían un engranaje esencial que garantizaba el funcionamiento de toda la administración y que mantenía la cohesión del vasto Imperio español. En efecto, los oficiales reales eran los responsables de recaudar todos los impuestos –sin los cuales el Imperio español no habría podido existir–, de distribuir estos ingresos entre las distintas ramas de la administración, y de pagar a los proveedores y beneficiarios de la Corona española. Aunque sus ingresos no eran tan elevados como los de otros miembros de la élite (virreyes, oidores y altos jerarcas de la Iglesia), su papel era por lo menos igual de importante para asegurar el funcionamiento diario de la administración y la estabilidad del imperio. Tenían, además, la peculiaridad de conformar una corporación muy homogénea, tanto por su origen social, como por su formación especializada, lo que en aquel entonces constituía una excepción en la administración española.

La relevancia de las funciones que desempeñaban los oficiales reales llevó a la Corona española a intentar someterlos a una cuidadosa vigilancia y una estricta disciplina que desbordaban el ámbito laboral. En efecto, había que evitar que parte de los inmensos caudales que administraban fueran a parar a sus bolsillos y que el inmenso poder que tenían en el manejo cotidiano de los fondos públicos fuera usado para beneficiar a sus familiares, amigos y clientes. Justamente con el fin de que los oficiales reales de la Nueva España no sucumbieran ante esas tentaciones, todos ellos eran reclutados en la península y estaban sujetos a diversas restricciones, incluso matrimoniales, para evitar que entraran en relación con los grupos de poder local y con la élite económica del virreinato. Aunque, claro está, como lo muestra admirablemente este libro, todas estas disposiciones fueron, en gran medida, letra muerta.