4.3 Establecimiento de un Programa de Ética Profesional
Tan pronto como sea posible los propietarios y gerentes deben definir y comunicar el objetivo del programa de ética empresarial. La administración responsable reconoce que un programa eficaz de ética empresarial toca cada decisión y actividad de la empresa. Guía los patrones de pensamiento, de elección y de acción que sutilmente moldean la cultura organizativa de la empresa. El programa
de ética empresarial debe basarse en las creencias fundamentales de la empresa y debe reflejar un acercamiento u orientación que tendrá resonancia con los empleados y los otros partícipes.
Una investigación reciente sugiere que “las características específicas del programa de ética formal y de cumplimiento legal importan menos que las percepciones más amplias de los valores y las aspiraciones éticas hacia la orientación del programa”4. Esta investigación descubrió que dos factores son lo más importante:
- Que la ética se percibe cómo importante para el liderazgo —desde el ejecutivo hasta el supervisor
- Que los empleados creen que se los trata justamente. Es particularmente importante que las políticas de la empresa y las acciones administrativas sean coherentes y que los sistemas de recompensa apoyen el comportamiento ético.
De acuerdo con la investigación, la familiaridad con un código de conducta relativamente no tiene mayor importancia. Además, un programa que se percibe como diseñado principalmente para proteger a los gerentes superiores es claramente dañino y está asociado con las violaciones incrementadas de sus estándares y procedimientos establecidos. La investigación y la experiencia durante los pasados 15 años sugieren que una mejor práctica principal es la de diseñar un programa sobre la de ética Comercial empresarial que va más allá del mero cumplimiento.
La efectividad del programa está estrechamente relacionada con las percepciones de los empleados en cuanto a la orientación de un programa de ética empresarial. Este programa generalmente tiene cuatro orientaciones principales. La orientación refleja las motivaciones del propietario y el administrador en el diseño y en la implementación del programa y es una condición importante de su efectividad.
Las principales orientaciones son:
- Un enfoque basado en el cumplimiento, el cual se “enfoca principalmente en la prevención, la detección y el castigo de las violaciones a la ley”.
- Un enfoque basado en los valores, el cual “tiene como fin definir los valores organizativos y alentar el compromiso del empleado a las aspiraciones éticas”.
- Un enfoque externo satisfactorio de los partícipes a través del cual las empresas “tienen la esperanza de mantener o mejorar su imagen pública y las relaciones con los partícipes externos”.
- Un enfoque que protege a los altos ejecutivos, el que “es introducido en parte para proteger a los propietarios y a los altos ejecutivos de la culpabilidad por las fallas éticas o problemas legales”.
Estas orientaciones primarias no son mutuamente exclusivas. Como una orientación única, los programas basados en valores tienden a ser más eficaces. Sin embargo, un programa de ética empresarial que incluye aspectos de los programas basados en el cumplimiento y presta atención para lograr la satisfacción de los partícipes externos también es valioso. La percepción del empleado de que el programa está orientado hacia la protección de los altos ejecutivos de cualquier responsabilidad o de ser acusados contribuye al cinismo del empleado y conduce a los resultados del programa que serían “significativamente más negativos”.
Consideraciones para las PyMES
A diferencia de las empresas, más grandes y complejas, se identifica a la PYME promedio muy de cerca con sus propietarios y gerentes. De esta manera las PYME deben estar particularmente alertas para diseñar un programa de ética empresarial bien equilibrado. Frecuentemente tendrán la tentación de ejecutar el programa por sí mismos y para simplemente presentarlo a los empleados y a otros partícipes. Tienen recursos y personal limitado y después de todo, es la empresa de ellos. Aunque en muchas culturas los trabajadores esperan a que se les diga qué hacer —y aún en qué pensar —un programa es más propenso a tener éxito si los trabajadores están lo suficientemente involucrados en su diseño para sentirse comprometidos con éste y en donde los trabajadores están deseosos de utilizar su juicio individual para aplicar sus estándares a los asuntos que ellos enfrentan.
Los propietarios y gerentes deberían, por lo tanto, resistir esta tentación y comprometer a sus empleados y a otros partícipes tanto como sea posible.
